Las aguas revueltas de la mente

En una ocasión un discípulo escéptico le dijo a su preceptor:

Pero ¿a qué viene que insistas tanto en el sosiego?

El preceptor le dijo:

- Acércate al río y trata de ver tu rostro.

El río se deslizaba precipitadamente. El joven se miró en sus aguas, pero su rostro se desfiguraba. Volvió junto al mentor y le dijo:

- Es imposible verse la cara en esas aguas revueltas.

- Pues ahora dirígete al lago y mírate.

Así lo hizo el discípulo y al regresar junto al maestro le dijo:

- En las aguas serenas del lago sí he visto perfectamente mi rostro.

- ¿Te das cuenta? El sosiego te permitirá ver con claridad, y con claridad verte a ti mismo, pero a través de las aguas revueltas de la mente no existe visión clara.

Almudena Sosa Guzmán