Un fiel y medio (Cuento sufí)


Un sultán oyó hablar de un gran maestro de derviches muy respetado que contaba con centenares de fieles. Así, deseando saber si podría levantarse contra él, lo llamó a su presencia y le dijo:

 - Oigo decir que tienes centenares de hombres y mujeres dispuestos a morir por ti -

 - Oh no - dijo el maestro - sólo tengo uno y medio.

 - Entonces- siguió el sultán - ¿por qué me cuentan que podrías sublevar a todo el país? Vamos a verlo. Que todos los hombres y mujeres se reúnan mañana por la mañana en la plaza

Por todas partes se proclamó que los seguidores del maestro tenían que reunirse a la mañana siguiente en la plaza y, tras unas jaimas detrás del estrado, el derviche encerró a varios corderos que nadie podía ver. Los fieles acudieron en gran número y el sultán, que estaba de pie delante de la tienda con el maestro, le dijo:

 - Tu me dijiste que no tenías más que un fiel y medio. ¡Mira! ¡Hay miles de ellos! ¡Decenas de miles!

 - No - dijo el derviche - Ahora lo verás. Anuncia que he cometido un crimen y que vas a condenarme a muerte, a menos que uno de mis fieles se sacrifique por mi.

 El sultán así lo hizo, provocando un largo murmullo entre la muchedumbre, hasta que un hombre se adelantó y declaró:

 - Él es mi maestro. Le debo todo lo que sé. Yo doy mi vida por él

 Entonces el sultán le hizo entrar en la tienda y allí, siguiendo las indicaciones del maestro, le cortaron el cuello a un cordero. Todos los asistentes vieron aparecer sangre por debajo de la tienda, creyendo que el hombre había muerto.

 En aquel instante el sultán declaró:

 - Una vida no es suficiente. ¿Algún otro fiel está dispuesto a sacrificarse por el derviche?

 Tras el silencio sepulcral, una mujer avanzó y se declaró dispuesta. La hicieron entrar en la tienda y le cortaron el cuello a otro cordero. La muchedumbre, lentamente, al ver la sangre, empezó a dispersarse. En poco tiempo no quedó nadie en la plaza y el maestro le dijo a sultán:

 - ¿Ves?, sólo tengo un fiel y medio.

- ¿El hombre es un fiel verdadero - dijo el sultán - y la mujer medio?

 - ¡No, no! - contestó el maestro

 - Al revés. Porque el hombre no sabía que le iban a cortar el cuello, pero la mujer ha visto sangre y sin embargo ha avanzado. ¡Ella es la verdadera fiel!

Almudena Sosa Guzmán