¿Está usted loco, señor?

¿Le pregunta usted al que habla si está loco?

Bien. Me gustaría saber qué quiere decir usted con esa palabra "loco". ¿Quiere decir desajustado, mentalmente enfermo, con ideas peculiares, neurótico? Todas esas cosas están implícitas en la palabra "loco".

¿Quién es el juez? ¿Usted, yo o algún otro? ¿Es la persona loca la que juzga quién está loco y quién no lo está? Cuando usted juzga si el que le habla está equilibrado o desequilibrado, ¿no es el juicio parte de la locura de este mundo?

¿Cómo juzgar a alguien sin saber nada sobre él, excepto su reputación, la imagen que se tiene de él? Si juzga de acuerdo con la reputación y la propaganda que usted ha absorbido ¿está capacitado para juzgar?

Emitir un juicio implica vanidad; no importa que el juez sea neurótico o no: siempre hay vanidad. ¿Puede la vanidad percibir lo que es verdadero? ¿No se necesita gran humildad para mirar, para comprender, para amar?

Señor, una de las cosas más difíciles es estar cuerdo en este mundo anormal y desequilibrado. Cordura implica no tener ilusiones, no tener imagen alguna de uno mismo o de otro. Usted dice: "soy esto, soy aquello, soy grande, soy pequeño, soy bueno, soy noble"; todos estos epítetos son imágenes de uno mismo. Cuando uno tiene una imagen de sí mismo, seguramente no está cuerdo y vive en un mundo de ilusión. Me temo que la mayoría de nosotros vivimos así.

Cuando usted se llama a sí mismo holandés -perdóneme por hablar así- no está totalmente equilibrado. Usted se separa a sí mismo, se aísla al igual que otros lo hacen cuando se llaman a sí mismos hindúes.

Esas divisiones nacionalistas y religiosas, con sus ejércitos, sus sacerdotes, evidencian un estado de desequilibrio mental.

(Krishnamurti)


Almudena Sosa Guzmán