Mediocridad


Mediocridad es poder poco, mentirse a sí mismo, hacerse el boludo y comprarse los buzones con los que se intenta engañar a los otros, adoptar posturas temerosas, conservadoras y moralistas que limitan la aventura de lo posible; optar por el temor aun cuando cabe el avance, refugiarse en una sensatez convencional que repite las formas que ya no satisfacen; querer parecerse a todos como si hubiera un solo programa de vida, preferir siempre callar lo propio para ahorrarse el riesgo de la autenticidad, callar cuando habría que expresar una mirada distinta; vivir descontento, insatisfecho, pretender hacer de la insatisfacción un rasgo de distinción, creerse superior sin serlo, vivir adoptando la apariencia del bueno, vivir maniqueamente, rechazar la maduración o creer que madurar es volverse serio y formal (y no lo que verdaderamente es: volverse más poderoso y feliz), comprar los lugares comunes prejuiciosos formulados desde la perspectiva popular, sentir el resentimiento del que no puede y por lo tanto dice que es bueno no poder, no querer, no inventar; censurar al que se atreve y prueba, al que lleva la vida como una experiencia particular y desconocida. Mediocre es no creer en la autenticidad como una posibilidad y un valor, y negar la existencia de una felicidad a nuestro alcance, que pide pagar los lógicos precios de todo logro. Mediocre es negar la importancia de la aventura existencial individual, formulando generalidades sociales a las que se toma como marcos de sentido siendo en realidad ficciones impersonales. 

(Alejandro Rozitchner)

Almudena Sosa Guzmán