¿Cómo puedo contener mi alma? (Bert Hellinger)

Con estas palabras comienza la “canción de amor” de Rainier María Rilke. En efecto, en el amor nadie puede contener su alma. Ésta busca la otra alma, es encontrada por ella, y ambas vibran al unísono. Nadie puede retener su alma en el amor, ni tampoco volcarla hacia otra parte. Lo que uno piensa, siente y desea, lo que quizás quiere ocultar y le duele y afecta en lo más íntimo, la otra alma lo siente también, es afectada por ello, contesta con alegría o dolor, se contrae o dilata sin límites. Pues ambas son una. Están unidas una a otra, de modo que todo lo que les conmueve las hace con-sonar, como cuando el arco del violinista extrae de dos cuerdas una sola voz. Ninguna de las cuerdas suena por sí sola, del mismo modo que las dos almas consuenan.
Alguien que las domina sostiene y toca el violín.
Toca la canción de la vida. Cuando roza las cuerdas de los dos amantes y toca en ellas la canción de la vida, es una canción dulce, una canción de placer y felicidad, una canción de esperanza y fe.
También aquellos que escuchan las melodías comienzan a vibrar al compás con sus almas. El gran violinista toca también sus cuerdas, convirtiendo la canción en sinfonía.
¿Quién es ese violinista? ¿Quién toca nuestras almas haciéndolas sonar en sintonía, haciéndolas creativas en la consonancia y sometiéndolas al servicio del amor y de la vida?
No lo conocemos. Pero escuchas su melodía y participamos en el canto.

He aquí el poema de Rilke:

CANCIÓN DE AMOR
¿Cómo puedo contener mi alma
para que no se roce con la tuya?
¿Cómo podría tenderla
por encima de ti y hacia otras cosas?
Me gustaría guardarla
en una oscuridad remota,
en un lugar ajeno y quieto que no vibre
cuando vibran tus honduras.
Pero todo lo que nos toca, a ti y a mí, nos toca juntos como el arco que de dos cuerdas saca una voz sola.
¿Sobre qué instrumento estamos tendidos?
¿Qué violinista nos sujeta en su mano?
Oh, dulce canción.

Almudena Sosa Guzmán